El Brent llegó a USD 107 por barril, su techo desde el 20 de mayo, empujado por la escalada entre Estados Unidos e Irán en el Estrecho de Ormuz. Pero en los surtidores argentinos no pasó absolutamente nada: los precios están casi congelados desde el 14 de mayo, cuando YPF —que controla el 55% de la distribución del país— convalidó apenas un 1% de aumento.
El desacople es más marcado de lo que parece a simple vista. En esos cuatro meses la inflación acumuló 6% y el dólar subió de $1.400 a $1.515, mientras la nafta súper se mantuvo cerca de $2.059 el litro y el gasoil en $2.125. Medida en dólares, la nafta en realidad se abarató cerca de 7% en el período — pese a que el crudo, la materia prima, subió aproximadamente 25% desde fines de febrero.
¿Quién absorbe la diferencia? Las refinerías no integradas —las que compran crudo a precio internacional pero no tienen upstream propio— operan prácticamente sin margen, porque no pueden trasladar el costo pleno al surtidor. Los productores de crudo, en cambio, sí se benefician del precio internacional completo. Es una asimetría real dentro de la misma cadena de valor del sector.
🔗 Fuente: La Nación