Arabia Saudita frenó el ducto Este-Oeste, la arteria de 1.200 kilómetros que le permite mandar crudo desde los yacimientos del este del país hasta el puerto de Yanbu, sobre el Mar Rojo — esquivando por completo el Estrecho de Ormuz. Ese ducto no es un ducto más: es, literalmente, el plan B saudita para cuando Ormuz se pone tenso. Que hoy sea esa misma ruta la que se corte cambia el análisis de riesgo de todo el mercado.
Hasta ahora, el mercado energético miraba un solo punto de fragilidad: el Estrecho de Ormuz, por donde pasa cerca del 20% del petróleo mundial. La lógica era simple — si Ormuz se complica, Arabia Saudita tiene una salida alternativa por el Este-Oeste. Ese supuesto ya no es tan sólido. Con las dos rutas comprometidas al mismo tiempo, hasta un 4% del suministro mundial de crudo queda en una posición mucho más vulnerable de lo que estaba la semana pasada.
El mercado ya lo está descontando: es parte de lo que empujó al Brent a sus valores más altos en meses, en la misma semana que se sumaron ataques atribuidos a los hutíes contra infraestructura saudita. No hace falta que el ducto quede cerrado mucho tiempo para que el efecto se sienta — alcanza con que quede instalada la duda de que la "ruta segura" ya no lo es tanto.
🔗 Fuente: Ámbito