El oleoducto Este-Oeste que Arabia Saudita tuvo que frenar la semana pasada, tras sufrir ataques en las zonas de Riad y Medina, no es un ducto cualquiera: tiene una capacidad nominal de 7 millones de barriles diarios y es una de las rutas que le permite al reino exportar crudo sin depender del Estrecho de Ormuz. Que se corte justo esa arteria — la que existe como plan B ante un cierre de Ormuz — ya movió los precios: el Brent llegó a superar los USD 100 por primera vez desde julio, con picos cercanos a los USD 110.
Pero el dato que más nos importa acá está en lo que viene después del susto inicial: el reacomodamiento global de flujos de crudo ya empezó. Un volumen mayor de barriles de Estados Unidos y de América Latina está siendo redirigido hacia Asia, en general bordeando el Cabo de Buena Esperanza, mientras Europa cubre el faltante saudita con crudo de origen regional y del Atlántico.
Para un productor como Argentina, que viene empujando su capacidad exportadora desde Vaca Muerta, esto no es un dato de color: es una ventana de demanda real, que no estaba ahí hace dos semanas y que no depende de ninguna decisión local. El tipo de oportunidad que conviene tener mapeada, aunque nazca del otro lado del mundo.
🔗 Fuente: Latin Energy Group